Según el filósofo que más hondo ha excavado su galería de insomnios en las simas de la condición humana, «la música es una ilusión que compensa de todas las demás». Otra manera de decirlo es que provoca estados alterados de conciencia, sus efectos sobre el sistema nervioso superan a los de cualquier droga conocida y, de momento, no está prohibida. Lo celebro, porque soy un adicto.